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martes, 17 de noviembre de 2015

ACUERDO DE SYKES-PICOT (1916): INICIO DE LOS PROBLEMAS ACTUALES EN ORIENTE MEDIO





Acuerdo Sykes-Picot, un pacto secreto entre Gran Bretaña y Francia, con el consentimiento de la Rusia zarista, para el reparto de las posesiones del Imperio Otomano en Oriente Próximo tras la Primera Guerra Mundial. El pacto fue firmado el 16 de mayo de 1916 y estipulaba que, pese a las promesas realizadas a los árabes a cambio de su levantamiento contra los turcos, Siria, Irak, Líbano y Palestina se dividirían en áreas administradas por británicos y franceses. El acuerdo toma su nombre de los negociadores, Sir Mark Sykes (por Gran Bretaña) y Georges Picot (por Francia). En mayo de 1916 Gran Bretaña y Francia acordaron de forma secreta como se repartirían el Imperio Otomano (cuyos territorios iban desde el Bósforo hasta el golfo Pérsico), en caso de que ganaran la Primera Guerra Mundial. De esta forma, se aseguraban el control de una zona geoestratégica sumamente importante para el suministro futuro de petróleo. En un principio se reservó algún territorio para Rusia, acuerdo que perdió su validez con la revolución soviética.
Las implicaciones de este tratado y antecedentes a su firma fueron muy complejas. A finales del siglo XIX, los alemanes ven prioritario la construcción del ferrocarril Berlín-Constantinopla-Bagdad; una segunda línea debería transcurrir hacia Damasco vía Medina. A los proveedores financieros que participasen se les garantizarían los ingresos del transporte ferroviario y los derechos para perforar pozos de petróleo en un margen de 19 kilómetros a cada lado de la línea durante los siguientes 99 años. El ferrocarril comenzó a construirse en 1903 (su finalización se produjo en la década de 1940). Pero esto chocaba con los intereses británicos, puesto que la arteria principal del Imperio Británico era el Canal de Suez, vital para la ruta marítima hacia la India. Antes de la Primer Guerra Mundial, el Imperio Otomano era un extenso territorio en decadencia, tras más de cuatro siglos de existencia, una amalgama de nacionalidades, razas y creencias que se encontraba en estado de descomposición, por las pretensiones de renovación del régimen desde dentro, así como por los problemas financieros que atravesaba.
En octubre de 1914, Max Von Oppenheim, un agente alemán, entregó al Káiser un documento que apostaba por financiar una guerra santa desde la India a Marruecos. Para ello había que proporcionar armas de contrabando a la India, incendiar los campos petrolíferos en Bakú (Azerbaiyán) y bloquear el canal de Suez. Para que este plan funcionase eran necesarios numerosos fondos y la colaboración del Imperio Otomano. En el Imperio Otomano, un grupo de generales, los Jóvenes Turcos, habían dado un golpe de estado consolidando a Pachá como dictador, convirtiéndose en un títere, así en noviembre de 1914 firman una alianza con Alemania. El siguiente paso será convencer a los árabes: Oppenheim intenta convencer a Faisal (quien reclama dinero y armas para iniciar una guerra santa contra el Imperio británico). Al mismo tiempo, y de modo secreto, en 1915 se están reuniendo el Alto Comisionado británico McMahon y el emir de La Meca Hussein  (padre de Faisal) con un objetivo muy claro: los británicos prometen apoyo a la independencia árabe si se sublevan contra el imperio otomano. Lo que desconocen los alemanes es que Faisal está jugando a dos cartas. Al mismo tiempo que está en conversaciones con Oppenheim, se está reuniendo con el agente inglés Lawrence de Arabia. Al final, Hussein y Faisal se decantan por los británicos.
En el verano de 1916 Hussein se vuelve contra el sultán de Constantinopla: combatientes árabes destruyen la guarnición turca de La Meca. Hussein y su hijo Faisal quieren unificar las regiones árabes del Imperio Otomano y expulsar a los turcos. El gobierno británico tiene plenos poderes para ofrecer dinero, armas y asesores militares. A finales de 1916 todas las fuerzas otomanas se baten en retirada. En diciembre de 1917 los británicos alcanzan Jerusalén.
Sin embargo, el sueño de una gran nación árabe no llegará a culminarse porque esas promesas eran contradictorias con la Declaración Balfour. En 1917 Lord Balfour, en nombre del gobierno británico, se muestra favorable a la creación en Palestina de una sede nacional para todos los judíos del mundo. Esto es incompatible con las promesas hechas a Hussein y Faisal. Theodor Herzl, fundador del movimiento sionista, buscó apoyos entre los alemanes, pero estos priorizaron la construcción del ferrocarril Berlín-Bagdad. Al final, serán los británicos quienes también apoyen la creación de un estado judío. En noviembre de 1918 finaliza la Primera Guerra Mundial y comienza la firma de los tratados de paz, en la Conferencia de Paz de París, dónde se optó por un reparto de territorios entre británicos y franceses bajo la forma de mandatos de la Sociedad de Naciones. No obstante, en la Conferencia de El Cairo de marzo de 1921, presidida por Winston Churchill, quedará configurado definitivamente el nuevo Oriente Medio. Teniendo en cuenta la correspondencia McMahon-Hussein, el tratado de Sykes-Picot y la declaración de Balfour, la Comisión Mesopotamia trazó nuevas fronteras donde no las había: (Siria, Líbano, Palestina), se crearon nuevos países (Transjordania, Iraq, Kuwait) y dispersó a los kurdos entre cuatro países distintos. Los trazados geográficos se realizaron sin ninguna lógica ya que las nuevas líneas fronterizas dividieron a tribus y grupos étnicos. 


miércoles, 5 de agosto de 2015

EN RECUERDO DE LAS TRECE ROSAS

Las llamadas "Trece Rosas" fueron trece mujeres de entre 18 y 29 años que fueron fusiladas junto a la tapia del cementerio de la Almudena (Madrid) en la madrugada del 5 de agosto de 1939, debido a su militancia en la organización Juventudes Socialistas Unificadas y su defensa de la legalidad republicana tras el fin de la guerra civil.

Sus nombres eran:
-         Carmen Barrero Aguado, 20 años. Modista
-         Martina Barroso García, 24 años. Modista.
-         Blanca Brissac Vázquez, 29 años. Pianista.
-         Pilar Bueno Ibáñez, 27 años. Modista.
-         Julia Conesa Conesa, 19 años. Modista.
-         Adelina García Casillas, 19 años. Activista.
-         Elena Gil Olaya, 20 años. Activista.
-         Virtudes González García, 18 años. Modista.
-         Ana López Gallego, 21 años. Modista.
-         Joaquina López Laffite, 23 años. Secretaria.
-         Dionisia Manzanero Salas, 20 años. Modista
-         Victoria Muñoz García, 18 años. Activista.
-         Luisa Rodríguez de la Fuente. 18 años. Sastre.

Estas trece jóvenes pasarían a la historia como Las Trece Rosas; la gran mayoría eran muchachas trabajaban como costureras y que, de un modo u otro, estaban relacionadas con los partidos de izquierdas y habían colaborado en el frente republicano con sus familiares o amigos. Al terminar la guerra, las Juventudes Socialistas Unificadas intentaron reorganizarse de manera clandestina en la capital. Pero la gran mayoría de dirigentes del Partido Comunista y de dichas juventudes habían huido al extranjero, habían sido detenidos o asesinados. Sin embargo, aún quedaba grupo de jóvenes dispuestos a continuar luchando por sus ideales, aunque disponían de una escasa  infraestructura y experiencia organizativa, a lo que se unía una fuerte represión y control policial en aquellos primeros meses tras la conclusión del conflicto fraticida; así las JSU fueron disueltas antes de haber realizado acciones clandestinas. Aquellas jóvenes, fueron detenidas en la primavera de 1939 y trasladadas a la prisión de las Ventas, algunas al módulo de menores de edad. Allí permanecieron a la espera de un destino incierto hasta que un atentado mortal desencadenó y precipitó los acontecimientos. 

El 29 de julio miembros de las JSU asesinaron en Talavera de la Reina a Isaac Gabaldón, comandante de la Guardia Civil, su hija de 18 años y el chófer del coche en el que viajaban.  El comandante Gabaldón, era un antiguo miembro de la “quinta columna” de Madrid y en aquel momento desempeñaba un importante cargo en el Archivo de la masonería y el comunismo, que suministraba documentación a los fiscales militares en los consejos de guerra contra los partidarios de la República, de ahí que el régimen interpretara su muerte como un desafía al nuevo régimen. Aunque todo parecía indicar que había sido obra de algún grupo de antiguos soldados de la República, o de huidos, el régimen lo atribuyó a una supuesta red comunista de grandes dimensiones.

    El 3 de agosto se celebró un Consejo de Guerra ante el que fueron juzgados 57 miembros de las JSU que permanecían detenidos desde hacía meses. Entre ellos, las trece jóvenes. Antes de ser condenadas a muerte por el Consejo de Guerra bajo la acusación de un delito de "adhesión a la rebelión" y de participar en  actividades clandestinas en contra del régimen recién instalado, las trece jóvenes habían sido conducidas a instalaciones policiales, donde se les torturó para obtener información sobre otros miembros de la organización clandestina, y más tarde, fueron recluidas en el centro penitenciario de mujeres de Ventas, en Madrid, donde aguardaron hacinadas durante meses un desenlace que se intuía, sin duda, dramático. Cuarenta y ocho horas después de su dictamen, fueron trasladadas en un camión a 500 metros de la prisión y ejecutadas por un pelotón de fusilamiento, en la madrugada del 5 de agosto de 1939, junto a la tapia del cementerio de la Almudena de Madrid a 2 km de la prisión de Las Ventas. Al día siguiente fueron fusilados los autores materiales del atentado.


jueves, 11 de septiembre de 2014

11 DE SEPTIEMBRE DE 1973. Golpe militar en Chile



"Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La Historia es nuestra y la hacen los pueblos (...)
Salvador Allende, 11/09/73. 

Hoy se cumplen 41 años del golpe militar de Pinochef que derrocó al gobierno democrático de la Unidad Popular que presidía Salvador Allende, primer gobierno socialista elegido por el pueblo.
El gobierno de Allende, apoyado por la Unidad Popular (un conglomerado de partidos de izquierda), destacó tanto por el intento de establecer un camino no revolucionario hacia un Estado socialista usando medios legales --la vía chilena al socialismo--, como por proyectos como la nacionalización del cobre, en medio de la polarización política internacional de la Guerra Fría y de una grave crisis económica y financiera interna. La Cámara de Diputados, de mayoría opositora, aprobó un documento en agosto de 1973 en el que acusaba al gobierno de Allende de incurrir en violaciones permanentes de la constitución. Su gobierno terminó abrúptamente mediante un golpe de Estado el 11 de septiembre de 1973, en el que participaron las tres ramas de las Fuerzas Armadas y el cuerpo de Carabineros, tres años antes del fin su mandato constitucional; ese mismo día, después de que el Palacio de La Moneda fuese atacado por aviones y tanques, supuéstamente se suicidó, aunque esta versión de la muerte de Allende cada vez tiene menos peso. 

LA ÚLTIMA DECISIÓN DE ALLENDE, dirigido por Patricio Henríquez 



Reivindicando a Salvador Allende y la vía chilena al socialismo.

Artículo de  Marcos Roitman (10-09-2014) Publicado en eldiario.es 
Como todos los años, desde el 11 de septiembre de 1973 -día del golpe militar que derrocase al gobierno de la Unidad Popular encabezado por Salvador Allende- se acumulan recuerdos. Muchos de ellos teñidos por la nostalgia, lo que pudo ser y no fue. La nacionalización de los recursos estratégicos; la profundización de la reforma agraria; la autonomía de los pueblos originarios; una nueva constitución; educación, sanidad y vivienda para acabar con la desigualdad; promover la justicia social y consolidar los derechos laborales y civiles.
En la memoria, seguramente, dos discursos pronunciados por Allende en momentos claves, ambos improvisados. El primero, desde el balcón de la Federación de Estudiantes de Chile con motivo del triunfo electoral, la noche del 4 de septiembre de 1970; y el segundo, desde La Moneda, emitido por Radio Magallanes el 11 de septiembre de 1973 y considerado su testamento político.
En ambos se apela a la responsabilidad, a la conciencia del pueblo chileno, a sus trabajadores, mujeres, estudiantes, campesinos e intelectuales. El 4 de septiembre señala: "Este triunfo no tiene nada de personal, y que se lo debo a la unidad de los partidos populares, a las fuerzas sociales que han estado junto a nosotros. Se lo debo al hombre anónimo y sacrificado de la patria, se lo debo a la humilde mujer de nuestra tierra. Le debo al triunfo al pueblo de Chile, que entrara conmigo a La Moneda. La victoria alcanzada por ustedes tiene una honda significación nacional. Desde aquí declaro, solemnemente, que respetaré los derechos de todos los chilenos. Pero también declaro y quiero que lo sepan definitivamente, que al llegar a La Moneda, y siendo el pueblo gobierno, cumpliremos el compromiso que hemos contraído, de convertir en realidad el programa de la Unidad Popular (...) Les digo que se vayan a sus casas con la alegría sana de la limpia victoria alcanzada. Esta noche cuando acaricien a sus hijos, cuando busquen el descanso, piensen en el mañana duro que tendremos por delante, cuando tengamos que poner más pasión, más cariño, para hacer cada vez más grande a Chile, y cada vez más justa la vida en nuestra patria".
El 11 de septiembre el pueblo chileno fue expulsado de La Moneda, perseguido, torturado, y asesinado. En dicha ocasión, nuevamente, Allende apela a la conciencia del pueblo chileno para aprender de la historia, reivindicar dignidad y sentenciar: "Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que entregáramos a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza (...) El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse (...) Tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano; tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición".    
Los sueños por construir un Chile nuevo, soberano, democrático y socialista se truncaron por una traición cocida a fuego lento a base de sabotaje, mercado negro, desabastecimiento, bloqueo y huelgas patronales; todo ello atizado por Estados Unidos, la CIA, el Pentágono y sus aliados. Se inauguró una larga noche de fascismo criollo. Los militantes de la Unidad Popular, dirigentes y responsables políticos, fueron tildados de terroristas, subversivos, enemigos de la patria y traidores. Perseguidos, perdieron la condición de seres humanos y pasaron a ser "perros", "canalla comunista", "alimañas marxistas leninistas". Se les negó el derecho a defenderse, el habeas corpus.
El odio y la sed de venganza impregnó a los hacedores del golpe. Civiles pertenecientes a la democracia cristiana, el partido nacional y el grupo neofascista "patria y libertad" brindaron con champán, mientras la fuerza aérea bombardeaba La Moneda. La derecha chilena mostraba su desafección democrática, cobardía política y aversión a las clases trabajadoras y al pueblo. En su vanidad nunca aceptaron la derrota electoral de 1970.    
La Unidad Popular había logrado, por primera vez en la historia de Chile, la confluencia entre partidos de la izquierda marxista con sectores medios progresistas, socialdemócratas, independientes, radicales laicos y cristianos por el socialismo. Su programa fue aprobado por unanimidad con anterioridad al nombramiento de Salvador Allende como candidato presidencial. Se le conoce como las 40 medidas del gobierno de la Unidad Popular.
Hoy la mayoría de las reivindicaciones siguen vigentes. Por su relevancia cito alguna de ellas: supresión de los sueldos fabulosos; acabar con los gestores administrativos y traficantes políticos; honestidad administrativa; reforma fiscal; jubilaciones justas a los mayores de 60 años; seguridad social para todos; protección a la infancia; creación del Ministerio de la Familia; casa, luz y agua potable para todos; combate al alcoholismo; alquileres a precios fijos; reforma agraria; asistencia médica gratuita; rebaja en el precio de los medicamentos; no más ataduras al Fondo Monetario Internacional; sanción a los especuladores; disolución de los grupos represivos pertenecientes a las fuerzas de Carabineros; fin de la justicia de clase; trabajo digno; y creación del Instituto Nacional del Arte y la Cultura.
Ninguno de los puntos programáticos enunciados ha sido practicado, primero por los gobiernos de la Concertación, luego por la derecha y hoy por Nueva Mayoría, es decir, los herederos de la Unidad Popular. Por el contrario, Chile se ha trasformado en uno de los países con mayor desigualdad. El latifundismo campa a sus anchas, la educación se privatiza, el hambre y la desnutrición afectan a la población infantil, mientras el FMI controla la economía con sus políticas neoliberales de austeridad y ajuste. La sanidad pública y universal -uno de los logros más importantes de la Unidad Popular- se ha privatizado en beneficios de compañías de seguros y clínicas privadas. La honestidad administrativa y la trasparencia política -dos banderas del Chile democrático y republicano- ceden paso a una corrupción institucional de grandes dimensiones, inexistente hasta los años de la dictadura. Empresarios y clase política convergen en una bacanal consumista, de lujo y ostentación. Una verdadera plutocracia. El pueblo mapuche ha sido vilipendiado y ultrajado. Su territorio usurpado y vendido a las multinacionales para construir presas hidroeléctricas y megaproyectos mineros.
Y lo más sangrante: la Constitución sigue siendo la elaborada por la dictadura en 1980. La larga noche del neoliberalismo no ha concluido. Chile es buen ejemplo. La vía chilena al socialismo sigue siendo una alternativa. Reivindicarla es de justicia

lunes, 1 de septiembre de 2014

El asalto de Hitler a Polonia: comienza la SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

Viernes, 1 de septiembre de 1939, 4,45 horas. Las tropas alemanas cruzan la frontera polaca. A la misma hora, el acorazado alemán "Schleswig-Holstein" cañonea el puerto de Danzing. El gauleiter Forster declara anexionada la ciudad al Reich. 
A las 6,00 horas aviones alemanes bombardean Varsovia, Cracovia, Poznan, Lodz, Katowice, Tomaszow, Plock, Grudziadz, Radom, Lvov, Grodno, Brest y Tererspol. Esta "expedición de castigo" se convertirá de inmediato en el detonante de la Segunda Guerra Mundial. Dos días más tarde, y en cumplimiento de las garantías dadas a Polonia por sus aliados, Francia y el Reino Unido declaran la guerra a Alemania.

            La clave del plan germano es la velocidad. El Alto Mando alemán emplea sus mejores unidades, dejando prácticamente desguarnecida la frontera con Francia. Las operaciones deben terminarse cuanto antes en previsión del tan temido contraataque francés y británico. Para la veloz ejecución del plan, se cuenta con dos factores:
- La orografía polaca, sin obstáculo natural insalvable, excepto los ríos Vístula, Narew, Bug y San,
- Su nueva doctrina de combate, la Blitzkrieg o guerra relámpago.

DOCUMENTAL:
 "EL ASALTO DE HITLER, COMO COMENZÓ LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL" 
(Canal Historia)










jueves, 17 de julio de 2014

17 de julio de 1936, COMIENZA EL ALZAMIENTO NACIONAL EN MELILLA

El alzamiento militar que daría paso a una sagrienta guerra civil de casi tres años de duración, se inició en Melilla el 17 de julio de 1936. Ese día los militares más conservadores del Ejército se levantaron contra el gobierno de la República. Para su planificación fue necesaria la connivencia de grupod de presión político-económicos, así como la colaboración del Ejército.
El alzamiento comenzó antes de lo planeado en Melilla. En la mañana del día 17 los oficiales insurrectos se reunieron en la sala de cartografía del Cuartel General. El Coronel Juan Seguí, encargado de dirigir la operación desde allí comunicó las órdenes que le había remitido el General Mola. La sublevación comenzaría a las 5 de la mañana del día 18 de julio. Se trazaron los planes sobre como ocupar los principales edificios públicos de la ciudad y se comunicaron estos planes a los principales jefes de la Falange para que estuvieran preparados. Allí surgió un hecho que precipitaría todos los acontecimientos. Uno de estos líderes de la Falange, Álvaro González, comunicó las intenciones de los militares a los dirigentes republicanos, quienes a su vez se lo comunicaron al General de Brigada Romerales.
En el momento que los militares abandonaron la sala de cartografía, el General Romerales ordenó al Teniente Zaro, esperar a que los militares regresaran de nuevo a la sala de cartografía para rodear el edifico y detenerles.
Cuando el Teniente Zaro entró en la Sala para llevar a cabo la detención la situación era irremediable. El alzamiento se había adelantado.
Uno de los militares allí presentes, el Coronel Darío Gazapo, telefoneó a la unidad de la Legión Extranjera para que se presentara allí inmediatamente. Ante tal situación el Teniente Zaro, sabedor que no tenía nada que hacer contra la Legión, se rindió en aquel mismo instante ante los militares sublevados. La primera intentona de frenar el Alzamiento había fracasado. Después de esto el Coronel Juan Seguí, como oficial al mando, y en nombre del General Franco, se dirigió al despacho del General de Brigada Romerales pistola en mano. Dentro del despacho ya se estaba produciendo un altercado entre los oficiales de Romerales. Unos le decían que se rindiera ante esta situación y otros, todo lo contrario, que arrestara a los insurgentes. En ese momento de indecisión de Romerales, Juan Seguí entró en el despacho y le apuntó directamente, obligándole a rendirse.
Habiéndose hecho con el poder del Cuartel General de Melilla los militares decretaron el Estado de Guerra del ejército y según los planes acordados en la sala de Cartografía, ocuparon los edificios públicos en nombre del General Franco, pese a que este todavía se encontraba en las Islas Canarias, cerraron todos los centros de gobierno y detuvieron a todos los dirigentes republicanos.
Según algunos historiadores, el citado general concedió cierta flexibilidad a los destacamentos de las demás provincias para que cada cual eligiera según las circunstancias la fecha y la hora en la que podían divulgar el bando de guerra. Otros autores sostienen que la dispersión de fechas fue consecuencia de cierta incompetencia por parte de los sublevados. De modo inmediato se extendió a Tetuán y a Ceuta donde el corone Juan Yagüe se apoderó de la ciudad sin disparar un solo tiro. Prácticamente todo el Marruecos español estaba en manos de los rebeldes antes de que Franco, procedente de las Canarias, se pusiera al mando de las tropas sublevadas.
Al día siguiente, el 18 de julio, el levantamiento se extendió a territorio peninsular, y su fracaso desembocó en la Guerra Civil. 
            
          Sin embargo, un enigmático suceso, que a día de hoy despierta múltiples incógnitas, fue el que permitió a Franco viajar desde Tenerife (dónde se encontraba confinado, por orden del Gobierno de la República) a Gran Canaria; este hecho fue la muerte del General Balmes.
El africanista Amado Balmes Alonso, comandante militar de la plaza de Las Palmas, fallecía de un tiro en el estómago, cuando manipulaba su propia arma. Este rocambolesco suceso permitió al Comandante militar de Canarias, Francisco Franco, trasladarse desde Tenerife a Gran Canaria.

             Este hecho, siempre quedó para la historiografía, tanto de un bando como de otro, que su muerte permitió al comandante militar de Canarias, futuro dictador trasladarse desde Tenerife a Gran Canaria con el objetivo aparente de presidir las exequias de su compañero.El «Dragon Rapide» lo esperaba en Gando para trasladarlo a Marruecos y ponerse al mando de las tropas alzadas. ¿Fue accidental la muerte de Balmes o fue un crimen para dejar expedito el paso a la sublevación? (Ángel Viñas: La conspiración del Genral Franco, Crítica. 2011)





sábado, 12 de julio de 2014

12 de julio de 1936: Asesinato del teniente JOSÉ CASTILLO.

El13 de julio de 1936, el diario “El Sol” daba la noticia del asesinato del teniente de la Guardia de Asalto José del Castillo Sáenz de Heredia.


“A las diez y cinco, en la calle de Augusto Figueroa, donde vivía el teniente de asalto don José Castillo, perteneciente al segundo grupo, que tiene su alojamiento en el cuartel de Pontejos, esperaba un grupo, al parecer de cuatro individuos. A esa hora el Sr. Castillo salió de su domicilio para tomar el servicio, que empezaba a prestar a las diez. Un testigo ha declarado que pudo escuchar cómo uno de los cuatro individuos dijo: «Ése, ése es», señalando al teniente Castillo. Al acabar de oír esto, cayó al suelo, a efectos de un fuerte empujón, y simultáneamente sonaron varios disparos. Se repuso rápidamente este testigo a tiempo de recibir al Sr. Castillo al desplomarse. Ayudado por otro vecino de la misma calle, trasladó al señor Castillo a un automóvil y se dirigieron al Equipo Quirúrgico. El teniente falleció en el camino. 
El cuerpo del teniente Castillo presentaba una herida de arma de fuego con orificio de entrada por la cara posterior del brazo izquierdo. Y otra, también de arma de fuego, con entrada por el quinto espacio intercostal y sin orificio de salida, mortal de necesidad. 
Durante la tarde, la aglomeración de gente, compuesta en su mayoría por clase obrera, que acudía a la Dirección de Seguridad para desfilar ante el cadáver del teniente Castillo, era enorme. Estacionada frente al edificio de la Dirección, había a las seis de la tarde, unas cuatro mil personas.”

Teniente José Castillo (1901-1936)

 El asesinato del teniente Castillo, partidario de la República y simpatizante socialista, la noche del 12 de julio de 1936, convulsiona España y lleva a sus compañeros de la Guardia de Asalto a pedir venganza
José del Castillo Sáenz de Tejada nace en Alcalá la Real (Jaén) el 29 de junio de 1901. A los 18 años ingresa en la Academia militar de Toledo y una vez licenciado es destinado a Marruecos. En 1925 consigue ser ascendido a teniente y su nuevo destino se fija en el regimiento de Infantería de Alcalá de Henares. Con la proclamación de la República comienza a participar en la vida política, y sus simpatías se dirigen hacia la corriente socialista. 
Cuando tiene lugar la Revolución de Octubre de 1934, el teniente se encuentra al mando de una sección de morteros destinada en Cuatro Caminos, cuya misión es sofocar una manifestación de apoyo a los revolucionarios asturianos. Las órdenes de sus superiores son claras: disolver la concentración. A pesar de ello y de la gravedad de la situación, el teniente no interviene y, tal como detalla el historiador Marino Aguilera Peñalver, Castillo proclama en voz alta: "Yo no tiro sobre el pueblo". Su desacato es juzgado en consejo de guerra y Castillo es condenado a un año de cárcel. Pero el teniente cada vez se identifica más con la República y quiere jugar un papel más efectivo en su defensa. Por ello, al salir de prisión ingresa inmediatamente en la Guardia de Asalto, y de nuevo es destinado a Madrid.
 El 16 de abril de 1936 se ve obligado a intervenir durante el entierro de un guardia civil fallecido dos días antes durante la celebración del 5º aniversario de la República. El entierro se transforma en una manifestación antigubernamental de la derecha y en el altercado el teniente mata a Andrés Sáenz de Heredia, primo de José Antonio Primo de Rivera, y dispara contra un estudiante de Medicina, que queda gravemente herido. Según la reconstrucción de los hechos hecha por lan Gibson, Castillo había perdido los nervios. A partir de ese día el teniente se convierte en uno de los principales objetivos de Falange.
Pese a los esfuerzos de la Guardia de Asalto por apartar al teniente del punto de mira de los falangistas, Castillo sufre dos intentos de asesinato, de los que sale ileso pero que obligan a las milicias socialistas que él entrena a escoltarle permanentemente.
 La premonición se cruza en su camino el 12 de julio de 1936. José Castillo recibe una advertencia de boca de una compañera y militante socialista, Leonor Menéndez, durante la celebración de una corrida de toros en la plaza de Las Ventas. Menéndez le pide que tenga cuidado. Castillo, incomodado, replica: "No conseguirán que me esconda". 
Esa noche, cuando se dirige hacia el cuartel de Pontejos, donde presta servicio, es abatido por cuatro encapuchados. Su cadáver es trasladado a la Dirección General de Seguridad. En el cuartel se comienzan a concentrar paisanos y guardias. La palabra que más se escucha es "venganza".                                                                                                                                               
    

viernes, 11 de julio de 2014

Las semejanzas y diferencias entre Marx y Keynes


Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 9 de julio de 2014


Este artículo señala las diferencias entre Marx y Keynes, que se confunden en el libro de Piketty sobre el capitalismo del siglo XXI. El artículo detalla las consecuencias de cada uno de estos pensamientos y su entendimiento de las causas de la crisis del capitalismo. El artículo señala también la importancia de este debate para entender la crisis actual.
Existe bastante confusión, resultado de una sorprendente falta de conocimiento histórico en la enseñanza española, de las diferencias existentes entre las escuelas económicas basadas en la interpretación del capitalismo de Karl Marx y las que se originan con John Maynard Keynes. Cuando, por ejemplo, se habla de que la crisis actual se debe a la falta de demanda, inmediatamente se atribuye esta observación a una visión keynesiana de la economía, cuando en realidad fue Karl Marx el que habló de la crisis del capitalismo como resultado de la descendente demanda, consecuencia de la bajada de los salarios de la mayoría de la población, perteneciente a la clase trabajadora. Fue Karl Marx el que claramente vio lo que ahora ha descrito y documentado Thomas Piketty en su libro sobre la evolución del capital en el siglo XXI, Capital in the Twenty-First Century. En El Capital, Karl Marx indicaba que la lógica del sistema capitalista lleva a una concentración del capital a costa de una “inmiseración” de la clase trabajadora, lo cual, añadía Karl Marx, creaba un enorme problema de demanda. Esta postura queda resumida en su frase de que “La causa final de toda crisis es siempre la pobreza y el limitado consumo de las masas”. Uno de los economistas que mejor predijo la crisis actual, Nouriel Roubini, así lo indicó en su entrevista en el Wall Street Journal: “Karl Marx llevaba razón. El capitalismo puede destruirse a sí mismo, pues no puedes tener una constante absorción de las rentas del trabajo por parte de las del capital, sin crear un exceso de capacidad y una falta de demanda. Y esto es lo que está ocurriendo… el salario del trabajador es el motor del consumo”. No es pues, John Maynard Keynes, sino Karl Marx, el que indicó que el empobrecimiento de la población supone un grave problema para el capitalismo: la escasa demanda. John Maynard Keynes habló también, más tarde, de la escasez de la demanda, pero poco de la concentración del capital. Y todavía menos de la relación entre esta concentración y el empobrecimiento de la población trabajadora. Esta era una de las grandes diferencias entre Karl Marx y John Maynard Keynes.
Otra gran diferencia entre Karl Marx y John Maynard Keynes, además del entendimiento de la crisis bajo el capitalismo (siendo el análisis de Karl Marx más completo que el de John Maynard Keynes), es en la solución a la crisis. Karl Marx creía que la solución a la crisis era una solución sistémica, que requería el cambio de la propiedad del capital, pasando de ser propiedad del capitalista a ser propiedad de los trabajadores (definidos como un colectivo que crea y produce el capital). Este cambio de propiedad era descrito esquemáticamente en el Manifiesto Comunista (el libro más vendido en la historia de la humanidad), que establecía una serie de principios, excesivamente simplificados, aunque presentados con una narrativa movilizadora. Pero (y es un enorme “pero”), Karl Marx no detalló cómo realizar dicha transición en el sistema de propiedad. Ni tampoco mostró qué políticas debían realizarse para trascender el capitalismo.
John Maynard Keynes, por el contrario, nunca se planteó la sustitución del capitalismo por otro sistema. Creía que el problema de la demanda podía resolverse con el intervencionismo del Estado, con un aumento, por ejemplo, del gasto y la financiación públicos, es decir –tal como indicó- “el gobierno y los bancos centrales pueden resolver el problema de la escasa demanda, bien directamente, con un aumento del gasto público, bien indirectamente, a través de la financiación de inversiones en programas de infraestructura”. Y la experiencia ha mostrado que el problema de la demanda podría resolverse, como se vio en la manera como se salió de la Gran Depresión (y también en la manera como no se está saliendo de la Gran Recesión actual, con sus absurdas políticas de austeridad). Ahora bien, aun cuando Karl Marx subestimó la capacidad de resistencia del capitalismo, el hecho es que todos los casos de salidas de las crisis han requerido una redistribución del capital hacia el mundo del trabajo, revirtiendo la redistribución (que Karl Marx llamó, con razón, “explotación”) del mundo del trabajo por parte del capital, que creó esas crisis (ver mi artículo “La explotación social como principal causa del crecimiento de las desigualdades”. Público. 01.05.14).
La mejor y más eficaz forma de estímulo de la demanda es precisamente el enriquecimiento (en lugar del empobrecimiento) de las masas (como diría Karl Marx) a costa de los intereses del capital, excesivamente concentrado hoy en día. Y el que mejor ha analizado este hecho ha sido Michal Kalecki, un economista polaco que claramente se merecía el Premio Nobel de Economía pero que ni siquiera fue considerado para ello por vérsele demasiado “rojo”. Pero hoy, y tal como ha reconocido Paul Krugman (el keynesiano más conocido hoy en el mundo) fue Michal Kalecki y no John Maynard Keynes el que mejor explicó las crisis del capitalismo, detrás de las cuales el conflicto Capital-Trabajo juega un papel fundamental (ver mi artículo “Capital-Trabajo: el origen de la crisis actual”, Le Monde Diplomatique, julio 2013).
Estas diferencias son claves para entender lo que está ocurriendo en el capitalismo y por qué. Karl Marx explicó claramente los orígenes de la crisis, causada por el enorme declive de las rentas del trabajo a causa del enorme crecimiento de las rentas del capital y su concentración. Subestimó, en cambio, la capacidad de respuesta, como bien ilustró John Maynard Keynes. Este, sin embargo, no fue consciente del contexto político, desarrollado por Michal Kalecki, el mayor y mejor analista del capitalismo.

jueves, 8 de mayo de 2014

LA CRISIS DE UCRANIA: Líneas rojas en Ucrania y en todas partes (Noam Chomsky)

Noam Chomsky *

La crisis actual en Ucrania es seria y amenazante, tanto que algunos comentaristas la comparan con la crisis de los misiles en Cuba, en 1962.
El columnista Thanassis Cambanis resume el meollo del asunto en The Boston Globe: “La anexión de Crimea por (el presidente ruso Vladimir) Putin es una ruptura del orden en el que Estados Unidos y sus aliados confían desde el fin de la guerra fría, en el que las grandes potencias sólo intervienen militarmente cuando tienen consenso internacional a su favor o, en ausencia de él, cuando no cruzan las líneas rojas de una potencia rival”.
Por lo tanto, el crimen internacional más grave de esta era, la invasión de Irak por Estados Unidos y Gran Bretaña, no fue una ruptura del orden mundial porque, aunque no obtuvieron apoyo internacional, los agresores no cruzaron líneas rojas rusas o chinas.
En contraste, la anexión rusa de Crimea y sus ambiciones en Ucrania cruzan líneas estadunidenses. En consecuencia, Obama se concentra en aislar a la Rusia de Putin, cortando sus lazos económicos y políticos con el mundo exterior, limitando sus ambiciones expansionistas en su propio vecindario y convirtiéndola de hecho en un Estado paria, informa Peter Baker en The New York Times.
En suma, las líneas rojas estadunidenses están firmemente plantadas en las fronteras de Rusia. Por consiguiente, las ambiciones rusas en su propio vecindario violan el orden mundial y crean crisis.
Este aserto es de aplicación general. A veces se permite a otros países tener líneas rojas en sus fronteras (donde también se ubican las líneas rojas de Estados Unidos). Pero no a Irak, por ejemplo. Ni a Irán, al que Washington amenaza continuamente con ataques (ninguna opción se retira de la mesa).
Tales amenazas violan no sólo la Carta de Naciones Unidas, sino también la resolución de condena a Rusia de la Asamblea General, que Estados Unidos acaba de firmar. La resolución comienza subrayando que la Carta de la ONU prohíbe la amenaza o el uso de la fuerza en asuntos internacionales.
La crisis de los misiles en Cuba también puso de relieve las líneas rojas de las grandes potencias. El mundo se acercó peligrosamente a la guerra nuclear cuando el entonces presidente John F. Kennedy rechazó la oferta del primer ministro soviético Nikita Kruschov de poner fin a la crisis mediante un retiro público simultáneo de los misiles soviéticos de Cuba y los misiles estadunidenses de Turquía. (Ya estaba programada la sustitución de los misiles de Estados Unidos por submarinos Polaris, mucho más letales, parte del enorme sistema que amenaza con destruir a Rusia.)
En aquel caso también, las líneas rojas de Estados Unidos estaban en la frontera de Rusia, lo cual era un hecho aceptado por todos los involucrados.
La invasión estadunidense de Indochina, como la de Irak, no cruzó líneas rojas, como tampoco muchas otras depredaciones estadunidenses en el mundo. Para repetir este hecho crucial: a veces se permite a los adversarios tener líneas rojas, pero en sus fronteras, donde también están colocadas las líneas rojas estadunidenses. Si un adversario tieneambiciones expansionistas en su propio vecindario y cruza las líneas rojas estadunidenses, el mundo enfrenta una crisis.
En el número actual de la revistaInternational Security, de Harvard-MIT, el profesor Yuen Foong Khong, de la Universidad de Oxford, explica que existe una larga (y bipartidista) tradición en el pensamiento estratégico estadunidense: gobiernos sucesivos han puesto énfasis en que un interés vital de Estados Unidos es prevenir que una hegemonía hostil domine alguna de las principales regiones del planeta.
Además, existe consenso en que Estados Unidos debe mantener su predominio, porque la hegemonía estadunidense es la que ha sostenido la paz y la estabilidad regionales, eufemismo que se refiere a la subordinación a las demandas estadunidenses.
Como son las cosas, el mundo opina diferente y considera a Estados Unidos un Estado paria y la mayor amenaza a la paz mundial, sin un competidor siquiera cercano en las encuestas. Pero, ¿qué sabe el mundo?
El artículo de Khong se refiere a la crisis causada por el ascenso de China, que avanza hacia la primacía económica en Asia y, como Rusia, tieneambiciones expansionistas en su propio vecindario, con lo cual cruza las líneas rojas estadunidenses. El reciente viaje del presidente estadunidense Obama a Asia tenía el objetivo de reafirmar la larga (y bipartidista) tradición, en lenguaje diplomático.
La casi universal condena de Occidente a Putin hace referencia aldiscurso emocional en el que el gobernante ruso explicó con amargura que Estados Unidos y sus aliados “nos han engañado una y otra vez, han tomado decisiones a nuestras espaldas y nos han presentado hechos consumados, con la expansión de la OTAN en Oriente, con el emplazamiento de infraestructura militar en nuestras fronteras. Siempre nos dicen lo mismo: ‘Bueno, esto no tiene que ver contigo’”.
Las quejas de Putin tienen sustento en hechos. Cuando el presidente soviético Mijail Gorbachov aceptó la unificación de Alemania como parte de la OTAN –concesión asombrosa a la luz de la historia–, hubo un intercambio de concesiones. Washington acordó que la OTAN no se movería un centímetro hacia el este, en referencia a Alemania Oriental.
La promesa fue rota de inmediato y, cuando el presidente soviético Mijail Gorbachov se quejó, se le indicó que sólo había sido una promesa verbal, carente de validez.
Luego William Clinton procedió a expandir la OTAN mucho más al este, hacia las fronteras de Rusia. Hoy día hay quienes instan a llevarla hasta la misma Ucrania, bien dentro del vecindariohistórico de Rusia. Pero eso no tiene que ver con los rusos, porque la responsabilidad de Estados Unidos desostener la paz y la estabilidad requiere que sus líneas rojas estén en las fronteras rusas.
La anexión rusa de Crimea fue un acto ilegal, violatorio del derecho internacional y de tratados específicos. No es fácil hallar algo comparable en años recientes: la invasión de Irak fue un crimen mucho más grave.
Sin embargo, viene a la mente un ejemplo comparable: el control estadunidense de la bahía de Guantánamo, en el sureste de Cuba. Fue arrebatada a punta de pistola a Cuba en 1903, y no ha sido liberada pese a las constantes demandas cubanas desde el triunfo de la revolución, en 1959.
Sin duda Rusia tiene argumentos más sólidos a su favor. Aun sin tomar en cuenta el fuerte apoyo internacional a la anexión, Crimea pertenece históricamente a Rusia; cuenta con el único puerto de aguas cálidas en Rusia y alberga la flota rusa, además de tener enorme importancia estratégica. Estados Unidos no tiene ningún derecho sobre Guantánamo, de no ser su monopolio de la fuerza.
Una de las razones por las que Washington rehúsa devolver Guantánamo a Cuba, presumiblemente, es que se trata de un puerto importante, y el control estadunidense representa un formidable obstáculo al desarrollo cubano. Ese ha sido un objetivo principal de la política estadunidense a lo largo de 50 años, que incluye terrorismo en gran escala y guerra económica.
Estados Unidos se dice escandalizado por las violaciones a los derechos humanos en Cuba, pasando por alto que las peores de esas violaciones se cometen en Guantánamo; que las acusaciones válidas contra Cuba no se comparan ni de lejos con las prácticas regulares entre los clientes latinoamericanos de Washington, y que Cuba ha estado sometida a un ataque severo e implacable de Estados Unidos desde el triunfo de su revolución.
Pero nada de esto cruza las líneas rojas de nadie ni causa una crisis. Cae en la categoría de las invasiones estadunidenses de Indochina e Irak, del rutinario derrocamiento de regímenes democráticos y la instalación de despiadadas dictaduras, así como de nuestro espantoso historial de otros ejercicios para sostener la paz y la estabilidad.
* Noam Chomsky es profesor emérito de lingüística y filosofía en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, en Cambridge, Mass.
© 2014 Noam Chomsky
Distributed by The New York Times Syndicate

lunes, 30 de diciembre de 2013

Aniversario de la controvertida muerte del General Prim (27-30 de diciembre de 1870)

Entre los días 27 y 30 de diciembre de 1870, el Presidente del Gobierno de España y una de las figuras políticas claves en la historia de nuestro país, se debatía entre la vida y la muerte: Juan Prim y Prats.


Prim, viajaba, un 27 de diciembre, en su berlina desde el Congreso de los Diputados hacia el Palacio de Buenavista, y a su paso por la Calle del Turco (hoy Marqués de Cubas) sufrió un atentado en el que recibió varios disparos por parte de unos desconocidos. A lo largo de los tres días siguientes se abren numerosas incertidumbres, que dejarán, sin duda, una impronta en la evolución política de nuestro país. El día 30 se certificó la muerte del militar, pero nadie fue condenado por su muerte, y casi ciento cincuenta años después de su muerte, el asesinato sigue aún sin haberse resuelto.

Antes de morir, Prim tuvo tiempo de declarar que entre los atacantes pudo identificar la voz de un parlamentario republicano, José Paúl y Angulo, al que oyó gritar "fuego, puñeta, fuego". Paúl, antiguo amigo y aliado de Prim, fue uno de los más críticos a su "traición" a la Revolución de 1.868, tanto desde el Parlamento como desde el pasquín "El Combate" que durante un breve tiempo se publicó en Madrid. Tras la muerte de Prim, huyo de España para nunca regresar y aunque escribió un libro donde negaba su participación en los hechos, más de una prueba apunta claramente hacia él (entre ellas el testimonio de un tal José López, que llegó a estar detenido durante casi diez años durante la instrucción del caso, aunque nunca llegó a ser juzgado ni, evidentemente, condenado). López también escribió un libro en contestación al de Paúl y Angulo, acusando a éste de estar detrás del atentado.

Respecto del
Duque de Montpensier, Antonio María de Orleans, existen fuertes sospechas sobre su apoyo económico a los autores materiales del atentado y sobre la implicación de alguno de sus subordinados (su ayudante Felipe Solis), aunque tampoco se pudieron probar. Se sospecha que Montpensier pensaba que el asesinato de Prim haría que Amadeo se replanteara su decisión de aceptar el trono español, lo que volvería a convertirle en el principal candidato a la corona, pero no fue así. Irónicamente, aunque él no llegó a conseguir acceder al trono, su hija Maria de las Mercedes casó con Alfonso XII y se convirtió en Reina de España.

Menos consistentes parecen las pruebas de la implicación del Regente
Francisco Serrano en la muerte de Prim. Sí parece que ambicionaba convertirse en Rey de España y que, a pesar de las advertencias de un posible atentado, no se puso mucho empeño ni en evitarlo ni, posteriormente en resolverlo.

También se habla de la implicación de uno de los miembros de su escolta, José María Pastor al que alguno de los implicados acusó de haber financiado el magnicidio.


Del 27 al 30 de diciembre, los tres días  en los que gobernó Serrano.

27 de diciembre de 1870. 
A las horas del atentado, el general Serrano, regente de España, nombra al vicealmirante Juan Bautista Topete ministro del Estado y, de forma interina, presidente del Consejo de Ministros y del Ministerio de la Guerra. El decreto no se publica en la Gaceta hasta el 29. También se nombra a Adelardo López de Ayala ministro de Ultramar.

28 de diciembre:
 A pesar del nombramiento, Serrano comunica que el presidente del Consejo de Ministros, Juan Prim , sólo ha sido «ligeramente herido al salir del Congreso en la tarde de ayer por disparos contra su coche en la calle del Turco» y que «se ha extraído el proyectil [en singular] sin accidente alguno… ni complicación». Topete explica en las Cortes cómo Serrano le ofreció la presidencia delante del «cuerpo ensangrentado de Prim » y expresa su deseo de traer a Amadeo de Saboya al trono, a pesar de su oposición tan sólo cinco días antes.

29 de diciembre: 
Se informa que el día anterior «se levantó el apósito que se había aplicado al presidente sin haber tenido lugar los accidentes que suelen presentarse en esta clase de heridas tan sujetas a complicaciones. El estado del enfermo no puede ser más halagüeño».

30 de diciembre:
Por la mañana se apunta por primera vez a la fiebre y a la existencia de varias heridas, sin que se califique de grave. Amadeo desembarca en Cartagena a las 14.30 donde le recibe el almirante Topete. Esa noche se comunica que Prim ha muerto. El parte oficial habla ya de seis disparos, y concluye que la muerte se debe a una fiebre producida por «los grandes destrozos causados por las balas en codo, muñeca y hombro del lado izquierdo» que desembocan en una «intensa congestión cerebral que le produjo la muerte a las ocho y cuarenta y cinco minutos».

 Fuente: Diario Oficial del Estado




La Comisión Prim de Investigación, ha realizado un estudio forense del cuerpo embalsamado, que se conserva en Reus, para esclarecer las causas de su controvertida muerte, comunicada oficialmente precisamente el mismo día que el nuevo rey Amadeo Saboya, la apuesta del propio Prim, llegaba a España para convertirse en el monarca de los españoles.
Los expertos de la Universidad Camilo José Cela, al frente de los cuales se encuentra la médico forense María del Mar Robledo, certifican que las heridas que sufrió eran mucho más graves de lo que se dijo entonces: “los impactos del hombro izquierdo como destaca el “informe de autopsia” del sumario 306/1870 resultarían mortal ut plurimum, esto es mortal de necesidad,  y no el incorrecto “ut plurimunt” como se ha venido difundiendo” y que era “prácticamente imposible” que aguantara con vida durante esos días, si bien,  afirman asimismo que una serie de marcas y laceraciones en el cuello evidencian que pudo ser estrangulado  en su lecho de muerte. 



La aparente contradicción de ambas afirmaciones, ya que si las heridas fueron mortales no habría hecho falta que los supuestos asesinos le estrangularan, mientras que si éstas no lo eran, como mantuvo la versión oficial que trasladó al país el general Francisco Serrano, habría sido más lógico que sus adversarios sí trataran de rematarle, se explica en el informe porque los surcos en el cuello “encajan en una necesidad de los asesinos de Prim de no permitir la recuperación del mismo, del que asustaban tanto su fortaleza física como su fortuna de salir indemne” al mismo tiempo que se esgrime que “contrariamente a lo que se ha aceptado hasta ahora, fueron de gravedad” y  que es “prácticamente imposible que se produjera la supervivencia de los tres días oficiales”.




Quedan algunas dudas sobre la posible conspiración:

¿En qué beneficiaba que Prim viviese esos tres días? Según la lógica de los hechos, los supuestos conspiradores, es decir el general Francisco Serrano, entonces Regente del Reino y el almirante Juan Bautista Topete ministro de Ultramar y de Guerra, habrían querido que Prim muriese antes de que Amadeo de Saboya llegara a España, puesto que se habían opuesto a su entronización. Sin embargo, la explicación que esgrimen los historiadores que defienden la teoría de que ambos lo mantuvieron con vida de forma ficticia fue precisamente para que nadie sospechara de ellos, ni de su lealtad,  recibir con los brazos abiertos al futuro rey y minar su autoridad desde dentro. 
Casi ciento cincuenta años después son muchas las dudas que aún envuelven a esta episodio de la historia de España, peroi lo que queda claro es que el rumbo político establecido cambió aquel gélido 27 de diciembre.